Tintero Infinito 09-11-18

Por D. S.

Caminar. Eso era todo en aquellos tiempos. Caminar y caminar y caminar. Solo nos deteníamos el tiempo suficiente para tomar fuerzas y poder seguir caminando. Nos alejábamos de nuestros hogares. Nos escapábamos de allí, de las sombras, de los mandatos, la ira y los castigos. Sin embargo eran buenos tiempos. Y lo eran por la sencilla razón de que no teníamos un destino. Solo sabíamos nuestro origen de partida pero nunca el destino. Podíamos caminar por la vía de los trenes cargueros, ese sendero de rieles y durmientes emplazados sobre las piedras grises y fuertes o salir del pueblo a través de la calle engastada entre olmos y alerces hasta alcanzar el campo abierto. Una vez allí, miráramos hacia donde miráramos se desplegaba ante nosotros una planicie gigantesca interrumpida por algún árbol, como diminutas salpicaduras en una gran tela. Éramos tres los caminantes sin destino. Siempre los mismos. Fick, el hijo del bibliotecario, Hermes, hijo del carpintero Strauss y yo que siempre que me lo preguntaban respondía lo mismo: Helio, el hijo de Castillo, el “matavacas”, que era como lo conocían a mi padre en el pueblo. Fueron buenos aquellos tiempos, sí que lo fueron. Escapábamos y en alguna encrucijada decíamos entre los tres en ese instante mismo hacia dónde ir. Y entonces simplemente lo hacíamos. Ya no recuerdo bien de qué hablábamos. Supongo que de la escuela, de nuestras familias y debíamos sentirnos emparentados en ese hostigamiento pues jamás discutíamos o sentíamos pena por el otro. Pasado el tiempo, lo recuerdo bien, comenzamos a incorporar el tema de las niñas, de las hermosas niñas que conquistaban nuestros corazones y como cada uno había encontrado en los libros una salida más a la oscuridad interior, Stevenson o Verne empezaron a ser compañeros de nuestras huidas. Fuimos creciendo y nuestro lenguaje se ampliaba al igual que nuestras rutas. Las niñas se volvieron jóvenes mujeres y aunque nuestras piernas amanecían cansadas después de pasar noches enteras con ellas eso no impedía que retomáramos nuestros largos viajes. Llegaron los tiempos de Faulkner, de Flaubert o Trakl y finalmente la tragedia. También llegaron los tiempos del alcohol y las largas noches. Hacía tiempo que nuestras cantimploras no contenían agua y era Hermes quien nos guiaba, quien había asumido de un modo natural el liderazgo. Era firme y decidido y tan duro como un animal salvaje. Reñía a menudo con otros y nunca lo vimos caer hasta aquel día que lo hizo para siempre. Éramos jóvenes aún y salvamos nuestras vidas huyendo, volviendo a escapar solo que ya no juntos. Muchos años después al encontrarnos Fick y yo coincidimos en lo extensos que habían sido nuestros caminos tras la caída de Hermes. En lo triste e irreparable. Éramos ahora como cometas que van perdiendo su ser a medida que viajan. Desgastados, así nos vimos después de tantos años. Fick no había podido dejar el alcohol y solo podía vivir de noche arrojado a los venusinos brazos de la paix de noir. Escribía poemas, hermosos poemas que solo dejó de escribir cuando decidió quitarse la vida. Yo era un sobreviviente y por lo tanto un hombre a medias, un hombre deshecho como todo sobreviviente: incompleto. El día que nos reencontramos con Fick caminamos hasta uno de nuestros viejos lugares de encuentro. Ambos parecíamos tener la intención de querer rememorar el largo caminar. Pero nos quedamos allí mismo. Absortos, mirando a nuestro alrededor. Podríamos caminar hasta caer exhaustos, dije. Ya lo estamos replicó Fick mirando la tierra y la gramilla seca ante él. Ya lo estamos, dijo, y volvió a decirlo muchas veces en voz baja sin retirar la vista de ese pedazo ínfimo de mundo que lo sostenía. Siguió repitiendo la frase como una letanía y continuó haciéndolo esporádicamente mientras regresábamos a nuestro punto de origen para poco después despedirnos con la intención de no volver a vernos jamás, como así ocurrió.

Publicado por ushuaiaandaleyendo

“Asociación Civil Ushuaia anda Leyendo: para el fomento del libro y la lectura en la comunidad” N°1565

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: