Tintero Infinito 06-08-19

Nuevos Aires

Por Cecilia Olivera

Sus comisuras pronto cambiaron el rumbo, la dirección indicaba nuevos aires, caminos por andar con esperanzas, alegrías o quizás tristezas. Pero esa aventura que se aproximaba, sin dudas daría un giro en todo su ser.

Entre tinta, papel, líneas cargadas de emoción y letras con aromas triviales, dejó de mirar atrás para entregarse absolutamente, fuerte y débil, feliz y temerosa, a la oportunidad de aquello que no imaginaba: la vida misma.

Ella era una mujer, pero también una niña. Anna, a quienes muchos recordarían como Annita, dejó de sucumbir en una tierra que la ahogaba, para aflorar en un paraíso incierto.

Decidió entonces, tomar las riendas y cabalgar sus propios sueños, a un galope fuerte, preciso y calmo, como las aguas del mar que despiertan sin prisa y acarician con sus olas las historias de un marinero.

Su esbelta figura tomó coraje, y sus movimientos comenzaron una especie de danza celestial. Un bulto tomaba forma de valija, donde llevaba prolijamente acomodadas sus pertenencias más preciadas; algunas fotos de su infancia; otras de una adolescencia abrumada y alguna que otra de una inmediata adultez. Tarjetas con dedicatorias, cartas, una medallita de la Virgen Niña, otra de Jesús, y un diario íntimo que guardaba con anécdotas.

Tenía miedo, claramente. Pero sin vacilar echó a correr. No permitió que su palidez delatara todo lo que sentía. Atravesó esas altas rejas negras, cargadas de oscuridad, de angustias y agonías. La sangre corría furiosa por sus venas, con una impronta de empuje a ese andar divagante.

Las próximas cuadras de ese camino, borroso y confuso, comenzaron a tomar forma de libertad. Los cielos borraron sus nubarrones, dejando ver la claridad que tanto anhelaba. Era su decisión, pero los cambios que se avecinaban generarían en ella, un sinfín de interrogantes.

Poco a poco, esos pasos temblorosos llegaron a la estación de tren. Sacó un boleto y se sentó en un viejo banco frente al andén. Un reloj antiguo colgaba de esa pared algo descuidada. Observó entonces que eran las cuatro de la tarde. Tenía que esperar un par de horas para emprender su viaje. Un suspiro logró asomarse tras tanta ansiedad. De reojo la observaba una anciana con callera blanca, trenzada, camuflada por un sombrero negro. Parecía acongojada. La tristeza era un común denominador en ese instante. Un pañuelo iba y venía al compás de una brisa suave, recorriendo el rostro arrugado de esa mujer. Algunas lágrimas se asomaban sin prisa deslizándose por aquellos surcos marcados, como montañas erosionadas por el tiempo. Su vestimenta era propia de un funeral. El color oscuro de su vestido que llegaba hasta sus pantorrillas, la hacía verse aún más blanca que sus cabellos. Anna no pudo contenerse. Sintió que debía ofrecerle un pañuelo. –Discúlpeme señora, sé que no me conoce, pero ¿puedo ayudarla en algo? Fue lo primero que atinó a decir. Pero la mujer parecía distante y perdida. Su mirada estaba ahogada entre lágrimas, y el desborde era tal, que anulaba todos sus sentidos, sin percibir siquiera la pregunta que le habían formulado. Anna no quiso agobiarla más de lo estaba, pero no podía verla de esa forma. Intentó nuevamente acercarse a ella, pero esta vez se inclinó y suavemente la invitó a charlar. En ese preciso instante, la señora pareció salir ese trance que la apresaba. Esos ojos colmados de tristeza, se toparon con aquellos cargados de esperanza. Gertrudis, la mujer perdida en el tiempo, la miró dulcemente, y le acarició una de sus rozagantes mejillas. Anna no entendía y quedó atónita con la situación. Gertrudis habló por fin, y de sus labios pequeños, las palabras tomaron forma y dieron respuestas a las inquietudes de la joven. –Querida, no hay nada de qué preocuparse. Agradezco tu amabilidad, tu grandeza. He estado aquí sentada por horas, tratando de comprender muchas cosas. La vida se escurre y con ella se ha llevado parte de mi historia. El caso es que, vi pasar por aquí rostros y cuerpos entorpecidos por la prisa, pero sin embargo, tú no hiciste caso omiso a mi dolor. En estos tiempos en los que el egoísmo aplasta toda semilla de solidaridad, que opaca los corazones dejándolos como piedras que persiguen una misma roca, tú, aquí estás.-

Anna se emocionó, sin saber todavía, cuál era la verdadera razón de su tristeza. Ella sólo la miró y siguió escuchándola, absorta, como tratando de interpretar alguna señal. Ella, que se ahogaba en un mundo despiadado, sin sentido, sentía que aquella mujer quería dejarle un mensaje. Su libertad comenzaba a mostrarle nuevos aires, nuevos caminos y experiencias.

Gertrudis continuó diciendo:- Quizás creas que he perdido a alguien. Pero he perdido la fe en las personas. Las decepciones también generan dolor. Los valores se están esfumando poco a poco, para tristeza mía y de quienes me precedan. La indiferencia, el abandono, el engaño, la mentira, la frialdad, la crueldad y podría seguir mencionando más y más, conquistan y seducen al mundo -. Su angustia quedaba reflejada en esa charla extraña. Quizás era una manera de advertirle a qué se enfrentaba, y de qué debía preservarse. Sus palabras acongojadas, pero llenas de sabiduría, quedarían en la memoria de Anna, como una marca registrada de un día difícil de olvidar.

Tras escuchar, Anna decidió decir algo al respecto:- A pesar de lo mucho que sea cierto todo lo que usted me dice, tengo fe y la certeza, de que existen aún personas que son un bálsamo para nuestras almas; algunos los llaman seres de luz, otros ángeles, otros personas especiales; pero en su esencia, cada una de ellas, son maravillosas y nos regalan un pedacito de sí, de su tiempo, de sus risas, sus abrazos, su anécdotas, su simpleza y sobre todo, de su transparencia y amistad desinteresada.

Gertrudis entendió que ella era muy joven, y la vida poco le había mostrado, o por el contrario, lo que ella había vivido, la arrastró por lugares errados colmados de personas con poco para dar. Le resultó entonces, interesante aquel encuentro inesperado, y algo dentro suyo le indicaba que esa joven, era aún más sabia que ella. Comenzaron así, lo que podría ser un viaje de ida, de intercambios atinados, atentas a cada oración profunda que brotaba e invitaba a dar paso a otra y otra, como una cascada que deja fluir sus aguas sin parar.

Pronto la lluvia dejó asomar sus primeras gotas. Ellas estaban inmersas en un intercambio tan ameno, que no se percataron de aquel detalle. La lluvia se hizo sentir, y un gran paraguas se abrió, es que, por el techo de la vieja estación, las gotas jugaban a escabullirse por las grietas que daban paso a sus travesuras. Nada pudo interrumpirlas, y lo que fueron lágrimas, ahora eran tímidas sonrisas cómplices, que denotaban ternura.

A lo lejos se sentía el tren. Se acercaba cada vez más, y podía observarse como una gran humareda se elevaba al cielo para coquetear con las nubes que derramaban sus gotas incesantes. El sonido característico de su llegada a la estación, invitaba al recambio de pasajeros, luego de larguísimas horas de viaje. Algunos bajaban al encuentro de un gran amor, otros a acobijar entre sus brazos a un hijo querido, o simplemente estaban aquellos que querían darse la oportunidad de recorrer los rincones que atesora la tierra, con un encanto natural y propio que se encarga de enamorar a cualquier soñador. Y estaban otros, quienes como Anna, subían al tren de la vida, para aventurarse y sumergirse en ella.

Publicado por ushuaiaandaleyendo

“Asociación Civil Ushuaia anda Leyendo: para el fomento del libro y la lectura en la comunidad” N°1565

15 comentarios sobre “Tintero Infinito 06-08-19

  1. Ceci! Gracias por regalarnos este relato tan lleno de riqueza literaria y poesía! No cabe duda que lo tuyo son las letras y deseo que puedas continuar disfrutando de este camino que no sólo te permite volar con tu imaginación, sino también permitirnos acompañarte en ese vuelo mágico que nos transporta a mundos tan bien descriptos que parece que los estuviéramos viviendo! La historia me sugirió ser el primer capítulo de varios más que luego llegarán! Espero que así sea! Mis felicitaciones y toda el power para que lo sigas haciendo! D.e.r.

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  2. David querido!!! Me invitás como siempre a seguir transitando este camino que recién ahora me estoy animando a compartir con otros. Me encantó tu idea, y la voy a tener más que presente. Mis cariños profundos para vos!! Abrazossss!!!

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